Calaveritas

Hoy tuve algo de tiempo libre y decidí seguir la mexicana tradición de las calaveritas. Hice pocas porque mi cabeza ya no dio hoy para más.

Con mucho cariño para unos de mis amiguísimos. Orden alfabético, muchachos.

A Eddie
Era mediodía de un martes
cuando sucedió la tragedia.
Si te cuento, no te espantes;
aunque de Televisa parece comedia.

Tenía hambre ese día el señor
y sin pensarlo dos veces a comer salió.
Fue de todos los puestos al peor
y la canija salmonelosis lo mató.

Cómo iba a saber Eddie que la flacucha
en Copilco atendía un puesto.
Así que esta historia escucha
para que así no termines indigesto.

A Goliath
Goliath, mi mal pagado amigo,
en su chamba se encontraba.
Ya tarde en la noche, te digo,
ni un alma en la calle vagaba.

Ni se lo imaginaba el cabrón.
Contaba las películas di’ arte
y llegando a la de Alfonso Cuarón
la flaca le salió por delante.

Pinche pedote le sacó
que hasta su perro escuchó el grito.
Fue entonces que se murió
y ni me dejó nada el maldito.

Al Potter
No me creerías si te contara
lo que al pobre Potter le pasó.
Antes de que su escultura acabara
una inmensa curiosidad le picó.

“¿A qué sabrá la plastilina?”,
el bruto se preguntó,
y como si fuera golosina
un buen pedazo engulló.

Mala jugada de la suerte
su agua se acababa de terminar.
Así encontró la muerte
sin su curiosidad saciar.

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